"...el cuento literario condensa la obsesión de la alimaña, hace perder al lector contacto con la desvaída realidad que le rodea, arrasarlo a una sumersión más intensa y avasalladora. De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignación"
Julio Cortázar: "Del cuento breve y sus alrededores"

jueves, 3 de marzo de 2016

Miguel de Unamuno contra la barbarie y la sin razón.

"Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de ’¡viva la muerte!’. Esto me suena lo mismo que, ¡muera la vida!’. Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy en día demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Míllán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él. (... ) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…"






"Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (... ) Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza, pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil que penséis en España. He dicho. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis...". 



En ese instante Unamuno tuvo que salir escoltado entre la mujer de Franco y el catedrático de derecho canónico de la universidad de Salamanca.


viernes, 29 de enero de 2016

Relato evocador.

"Una pareja se abraza en un autobús. Son muy hermosos y ella tiene uno de esos rostros blancos y misteriosos de las madonnas italianas. Se les ve hondamente enamorados, absortos el uno en el otro. 
De pronto, ella se retira hacia atrás y acaricia, por encima del pantalón, el sexo del compañero. 
Es un gesto desprovisto de obscenidad, que ejecuta con inequívoca dulzura. De hecho no se descompone la escena. 
Ambos continúan abrazados, pendientes sólo de su amor, y la expresión de la chica al ejecutar la atrevida caricia no es diferente a la que ilumina su rostro cuando poco después se pone de puntillas para rozar castamente con los labios la mejilla de su compañero".

Gustavo Martín Garzo

viernes, 20 de noviembre de 2015

Raymond Carver, el asesino silencioso

Lo primero es reconocer que estaba deseando utilizar el manido, pero no por ello carente de efecto,  titular, el asesino silencioso, tan de moda en los anuncios de medicamentos contra el colesterol y otras dolencias cardíacas. Lo segundo es que Raymond Carver, evidentemente, nada tiene que ver con las enfermedades coronarias.
Entonces, por qué el titular, por qué relacionar al cuentista norteamericano con este cinematográfico apodo.
Pues sinceramente no lo sé. Tal vez habría que retrotraerse a algún trauma infantil que sufrí para esclarecer esta extraña conexión de ideas, pero no es momento ni lugar.
Lo que sí sé es que cuando leo a Carver, cuando me introdujo en sus historias, nunca sé a dónde me quiere llevar. Sus historias están ancladas en una realidad concreta, común, a veces subyace un conflicto, que se desplaza bajo tierra, en otras el conflicto surge y estalla; mas  siempre nos lleva por caminos diversos, vidas distintas, para mostrarnos una realidad humana profunda, oscura, que nos hace tambalear, pero que nos resulta dramáticamente familiar.
Raymond Carver maneja cual relojero el lenguaje, los momentos, los enfoque, de manera precisa, sin alardes, pero consciente de que nos va descubriendo poco a poco, a veces insinuando sin mostrarlo, una miseria humana en un comportamiento mezquino, un sentimiento decepcionante pero habitual, un fracaso sentimental evidente o una pareja que se quiere pero que, en cambio, sufre por la propia vida; historias cargadas de alcohol o conversaciones sin coraza, situaciones todas ellas dolorosas pero comunes. Experiencias que no queremos reconocer pero que Carver sabe exponer para, sin poder evitarlo, reconocerlas o reconocernos. Al autor le gusta llevarnos de la mano como a niños asustados a través de historias aparentemente neutras; en cambio, vamos profundizando en vidas con secretos, como en un bosque oscuro y mágico, y detrás de un árbol escondido surge el drama, el conflicto para hacernos estremecer de manera silenciosa, como un asesino.


"Principiantes", son 17 relatos sin artificios, ni siquiera con la poda que hizo el editor en la primera edición del libro y que se llamó "De qué hablamos cuando hablamos del amor". Anagrama publicó los textos originales de Carver deshaciendo la agresiva revisión de Gordon Lish, su editor, y que dejó a la mitad los cuentos del escritor norteamericano. Al leerlos al completo, no entiendes que pudo quitar, obviar, porque son perfectos. Si tuviéramos que elegir a tres cuentistas universales del siglo XX, Carver sería uno de ellos, y "Principiantes" una de sus obras fundamentales.
Asuman riesgos y lean a Raymond Carver; conozcan su literatura y descubran su propia realidad que, a pesar de toda la amargura, es honestamente hermosa.