Es incomprensible como este autor apenas tiene repercusión en nuestra sociedad, más allá de alguna forzada efeméride. Tal vez por ser políticamente incorrecto en cuanto a nacionalismos se refiere o tal vez por su etiqueta de misógino, el hecho es que nuestros estudiantes cada vez saben menos de su obra y a los adultos se nos va olvidando su lectura.
En cambio, nadie puede dudar del talento literario de Pío Baroja. "La Busca", el primero de los libros de la magnífica trilogía "La lucha por la vida" es uno de los imprescindibles de la literatura española y una de las obras culmen del escritor vasco, pero también "El árbol de la ciencia", "Las aventuras de Santi Andía" o "La casa de Aizgorri", cada una en un subgénero narrativo muy diferente, son obras de lectura obligada para las personas ávidas de exquisiteces literarias. Los tonos son muy distintos, su ubicación histórica y geográfica, también, sus temáticas difieren opuestamente, pero en cambio existe un estilo propio narrativo que demuestran la calidad de Baroja.
Es más, mi última lectura del escritor vasco "Paradox, Rey", es un registro totalmente nuevo para mí. Escrita en 1906, la podemos definir como Vanguardista, anticipando mediante un humor absurdo las rupturas en el arte que se fueron produciendo en los inicios del siglo XX. Además, aunque encasillada como novela, el estilo teatralizado, y el uso de los diálogos marcan la acción y tiene más de lenguaje teatral que de novela propiamente.
Un viaje cargado de sinsentido, con unos personajes llenos de matices y contradicciones; algunos cargados de ingenio e ironía, otros de un pragmatismo maquiavélico; situaciones extremas con respuestas sorprendentes y diálogos, grandes e ingeniosos diálogos, marcan esta novela sorprendente. Sin duda un Baroja distinto al acostumbrado, pero sorprendente y genial como siempre.
"El hombre hace una referencia, se encasqueta el sombrero, se retira cojeando y se queda apoyado en la pared.
PARADOX.- ¿Quién es este hombre tan fatídico?
WOLF.- Es un aventurero que quiere que se le lleve al Cananí. He estado en varias guerras y en cada una ha perdido algún miembro.
PARADOX.- ¿Y qué va a hacer usted con él?
WOLF.- No sé. Es tuerto, cojo, manco, tiene dos cicatrices en la cara, una en la frente y dieciséis heridas en el cuerpo, y todavía dice que no hay nada como la guerra.
PARADOX.- Será humorista.
WOLF.- No es un hombre que tiene vocación para el heroísmo.
PARADOX.- Para el heroísmo...y para la ortopedia.
WOLF.- ¿Qué quiere usted, señor Paradox? Yo creo que todas las locuras son respetables.
PARADOX.- Y yo también ¿Y cómo se llama este hombre fragmentario?
WOLF.- Hardibrás.
PARADOX.- Es un buen nombre de perro de aguas.
WOLF.- Pues ya ve usted, es un héroe."
"Paradox, Rey"
"...el cuento literario condensa la obsesión de la alimaña, hace perder al lector contacto con la desvaída realidad que le rodea, arrasarlo a una sumersión más intensa y avasalladora. De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignación"
Julio Cortázar: "Del cuento breve y sus alrededores"
Páginas
- CANON LITERARIO
- "MUERTE EN EL ESTÍO" de Yukio Mishima.
- "El siguiente en la fila", de Bradbury.
- "REDACCIÓN", de Quim Monzó.
- "AL FARO", de Virginia Woolf.
- "UNA ROSA PARA EMILY", de William Faulker.
- ¿Isaac Asimov? Me suena.
- El honor perdido de Heinrich Böll
- "El ciclista" de Tim Krabbé.
- ¿Por qué leer a Murakami?
- "LADY TURTON", de Roald Dahl.
- "Los expulsados de Poker-Flat"
- "El gatopardo" o una bella historia, literaria.
- "El lobo" de Hermann Hesse.
- SALINGER, ese vecino desconocido.
- Una historia de infamia de COETZEE
lunes, 23 de marzo de 2015
viernes, 13 de marzo de 2015
"No te rindas", Mario Benedetti.
No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,
No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero.
lunes, 16 de febrero de 2015
Rafael Chirbes frente Natalia SanMartín.
Tal vez, dos de los últimos fenómenos literarios españoles, (perdóneme Luis Landero, del que ya hemos hablado en este blog) por diferente razones, sean "El despertar de la señorita Prim", de Natalia SanMartín Fenorella y "En la orilla", de Rafael Chirbes.
Si el primero ha sido un éxito absoluto de lectores, desconozco si de crítica: sus derechos han sido adquiridos en varios países y se rumorea una posible adaptación cinematográfica, el segundo, "En la orilla", de Rafael Chirbes, ha sido un éxito de crítica, menos de público, y para muchos la mejor novela del 2014 en lengua española.
Ambas novelas han convivido en mi imaginario por tres semanas, enfrentándose, sin querer, la una con la otra. Ha sido mera casualidad, pero no por ello una experiencia menor. De hecho, me ha gustado la vivencia lectora, siendo una buena manera de contraponer historias, ritmos y tonos narrativos tan diferentes.
Si la señorita Prim es una historia inocentemente optimista, en la que se enaltece valores de otra época y con ritmos que nos retrotraen a una dichosa infancia; un pueblo ideal con todos sus valores humanos y la educación como sinónimo de cultura y de disfrute de los pequeños momentos, con historias de amor edulcoradas y personajes irregularmente perfectos hasta el hastío. "En la orilla", Chirbes nos sacude y abofetea sin piedad mostrándonos una realidad dolorosa, sin árnica posible, con metáforas dolorosas e incluso desagradables de una vida casi acabada, con una sociedad, al igual que el padre del protagonista, en estado vegetativo y una sensación de angustia, pobreza a todos los niveles, mostrándonos una cruda realidad de la sociedad española actual.
Aunque, por mi espíritu frágil y por el axioma heredado de Augusto Monterroso de que toda buena literatura retrata la vida y toda vida es triste, mi inclinación fue "En la orilla" (también por él éxito de crítica), mas, según avanzaba en su lectura, el hastío me fue inundando y la falta absoluta de luz en los monólogos interiores, me sobrepasaron hasta saciarme. No ha sido por falta de literatura, ni por falta de ritmo, a pesar de ser la narración un continuo sin apenas descanso, sino por la propia tristeza que emana cada palabra y por no ver ningún resquicio por el que ilusionarte por la vida. He acabado su lectura sin esfuerzo, su estructura literaria es magnífica, pero muy apesadumbrado.
Mientras la lectura de la Señorita Prim me cansó por sus tonos pasteles y deseaba acabar saciado por el empalagoso dulzón, sin menospreciar su optimismo y entretenimiento, en la novela de Chirbes, que estuve muchos más metido en su lectura, deseaba salirme de ella para escapar de esa tristeza que inunda cada palabra y a uno mismo; y además, refrenda tus oscuros presentimientos sobre nuestra sociedad.
Si el primero ha sido un éxito absoluto de lectores, desconozco si de crítica: sus derechos han sido adquiridos en varios países y se rumorea una posible adaptación cinematográfica, el segundo, "En la orilla", de Rafael Chirbes, ha sido un éxito de crítica, menos de público, y para muchos la mejor novela del 2014 en lengua española.
Ambas novelas han convivido en mi imaginario por tres semanas, enfrentándose, sin querer, la una con la otra. Ha sido mera casualidad, pero no por ello una experiencia menor. De hecho, me ha gustado la vivencia lectora, siendo una buena manera de contraponer historias, ritmos y tonos narrativos tan diferentes.
Si la señorita Prim es una historia inocentemente optimista, en la que se enaltece valores de otra época y con ritmos que nos retrotraen a una dichosa infancia; un pueblo ideal con todos sus valores humanos y la educación como sinónimo de cultura y de disfrute de los pequeños momentos, con historias de amor edulcoradas y personajes irregularmente perfectos hasta el hastío. "En la orilla", Chirbes nos sacude y abofetea sin piedad mostrándonos una realidad dolorosa, sin árnica posible, con metáforas dolorosas e incluso desagradables de una vida casi acabada, con una sociedad, al igual que el padre del protagonista, en estado vegetativo y una sensación de angustia, pobreza a todos los niveles, mostrándonos una cruda realidad de la sociedad española actual.
Aunque, por mi espíritu frágil y por el axioma heredado de Augusto Monterroso de que toda buena literatura retrata la vida y toda vida es triste, mi inclinación fue "En la orilla" (también por él éxito de crítica), mas, según avanzaba en su lectura, el hastío me fue inundando y la falta absoluta de luz en los monólogos interiores, me sobrepasaron hasta saciarme. No ha sido por falta de literatura, ni por falta de ritmo, a pesar de ser la narración un continuo sin apenas descanso, sino por la propia tristeza que emana cada palabra y por no ver ningún resquicio por el que ilusionarte por la vida. He acabado su lectura sin esfuerzo, su estructura literaria es magnífica, pero muy apesadumbrado.
Mientras la lectura de la Señorita Prim me cansó por sus tonos pasteles y deseaba acabar saciado por el empalagoso dulzón, sin menospreciar su optimismo y entretenimiento, en la novela de Chirbes, que estuve muchos más metido en su lectura, deseaba salirme de ella para escapar de esa tristeza que inunda cada palabra y a uno mismo; y además, refrenda tus oscuros presentimientos sobre nuestra sociedad.
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