"...el cuento literario condensa la obsesión de la alimaña, hace perder al lector contacto con la desvaída realidad que le rodea, arrasarlo a una sumersión más intensa y avasalladora. De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignación"
Julio Cortázar: "Del cuento breve y sus alrededores"

viernes, 17 de junio de 2016

"Mi tío Oswald" o una mancha en el expediente.

Toda gran creador ha cultivado errores, ensayos, obras de formación o, llanamente, ha cometido meteduras de pata en su producción artística.
Cuantas veces hemos oído contar (ésto es muy estadounidense) a un intelectual, artista o deportista reconocido que una vez fue detenido por la policía o no pidió factura para evitar pagar impuestos; hasta los más insignes de esta sociedad tienen una pequeña mancha.

Roald Dahl también cometió un grave error, y lo digo con todo el respeto al autor galés.
Reconocido escritor de cuentos para adultos (destacar "Lady Turton", recogido en nuestro canon), novelas para niños y relatos autobiográficos de un excelente nivel.

Relatos que te atrapan desde el primer instante, con giros sorprendentes, guiños de humor constante y  con un uso de la ironía excepcional, atmósferas creadas en unas pequeñas líneas y finales redondos que te congratulan con la escritura.


Pues "Mi tío Oswald", única novela de Dahl, está tan alejado del resto de su obra en cuanto a su calidad como la galaxia  A1689-zD1 de la tierra. Supongo que esta novela escrita en 1979 tendría ínfulas de trasngresora respecto al tema sexual, pero leída cuarenta años después te parece insustancial e incluso soez.

Es cierto que destila humor en muchas de sus páginas, pero ningún pasaje logra entusiasmarte; en ocasiones, por el exceso en la chanza y lo repetitivo del tema y, en otras, porque el final del episodio no logra ser tan redondo y sorprendente como el autor galés nos ha tenido siempre acostumbrado.
Una novela a la que le falta ritmo y le sobra bromas sexuales. Una novela que bien podría haber sido un relato breve, condensando humor y ganando en ritmo, y no una novela excesiva, extenuante y exagerada.  Roald fue uno de los grandes escribiendo cuentos, pero su novela nos defraudó.

jueves, 28 de abril de 2016

"Barrabás" de Par Lagerkvist



El escritor sueco, premio Nobel en 1951, escribió una pequeña novela ficcional sobre Barrabás que transcurre en los años posteriores a la muerte de Jesucristo.

Par Lagerkvist imaginó cómo debió ser la vida del bandido una vez que el pueblo judío, desbocado y soliviantado por sus sumos sacerdotes, decidió dar muerte injustamente a un inocente en vez de al propio Barrabás.





" Barrabás era un mocetón de unos treinta años, robusto, de pálida tez, barba rojiza y cabellos negros. Las cejas parecían también negras, los ojos se hundían en las órbitas, como si la mirada hubiera querido esconderse. Bajo uno de ellos descollaba una profunda cicatriz, que desaparecía en la barba..."




El bandido observa oculto entre unos arbustos la llegada de la muerte del que ha oído hablar y nada conoce. Observa la llegada de las nubes a toda la zona,  algún lamento de los que acompañan al que llaman Hijo de Dios y cómo el cielo se resquebraja cuando exhala el último aliento. A partir de ese instante su vida se transforma intentando averiguar quíén es Él.


Vaga por la ciudad, pregunta a aquellos que dicen llamarse cristianos, se esconde de las autoridades, reflexiona sobre su soledad y percibe su miseria. Su viaje no es fácil, llega  a conocerse y reconocerse mísero, percibe que su vida siempre ha sido un error incluso desde su nacimiento.

(...) Aquella infeliz tras ser ultrajada numerosas veces por todos los miembros de la cuadrilla de bandidos, que capitaneaba Eliaho, fue vendida a una casa pública de la ciudad. Allí, cuando se dieron cuenta de su estado, la echaron a la calle, donde, poco después, apareció su cadáver. Nadie sabía de quien era la criatura y la misma madre no lo hubiera podido decir; pero la había maldecido en sus entrañas. "


Conocerá a cristianos, incluso a alguno de los Doce, pero su lucha sera constante para dilucidar si realmente cree o no.


Escrita con mucho ritmo, esta  novela es una joya sobre la propia naturaleza humana.  Barrabás es víctima y verdugo, como la mayoría. Y en un agónico viaje cargado de miserias llegará hasta Roma, la gran urbe, el reino de este mundo, el lugar en el que constata su propia soledad e, incluso, su locura.


jueves, 3 de marzo de 2016

Miguel de Unamuno contra la barbarie y la sin razón.

"Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de ’¡viva la muerte!’. Esto me suena lo mismo que, ¡muera la vida!’. Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy en día demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Míllán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él. (... ) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…"






"Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (... ) Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza, pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil que penséis en España. He dicho. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis...". 



En ese instante Unamuno tuvo que salir escoltado entre la mujer de Franco y el catedrático de derecho canónico de la universidad de Salamanca.